Comer carne contamina el medio ambiente

¿Cómo ayuda al medio ambiente comer menos carne?

La carne de vacuno y el cambio climático son noticia estos días, desde los supuestos pedos con alto contenido en metano de las vacas (verificación de los hechos: en realidad son eructos con alto contenido en metano) hasta las comparaciones con coches y aviones (verificación de los hechos: el mundo necesita reducir las emisiones de los combustibles fósiles y la agricultura para frenar suficientemente el calentamiento global). Y como ocurre con tantas cosas en la esfera pública, es fácil que la conversación se polarice.

Los alimentos de origen animal son nutritivos y especialmente importantes para la subsistencia y la dieta de los países en desarrollo, pero también utilizan recursos de forma ineficiente. La producción de carne de vacuno es cada vez más eficiente, pero se siguen talando bosques para obtener nuevos pastos. La gente dice que quiere comer más plantas, pero el consumo de carne sigue aumentando. A pesar de parecer contradictorias, todas estas cosas son ciertas. Por eso el debate sobre la carne de vacuno y la sostenibilidad es tan complicado y polémico.

La explicación más larga:  Las vacas y otros rumiantes (como cabras y ovejas) emiten metano, un potente gas de efecto invernadero, al digerir hierbas y plantas. Este proceso se denomina “fermentación entérica” y es el origen de los eructos de las vacas. El estiércol también emite metano. Además, el óxido nitroso, otro potente gas de efecto invernadero, se emite a partir de los desechos de los rumiantes en los pastos y de los fertilizantes químicos utilizados en los cultivos producidos para alimentar al ganado.

Impacto medioambiental de la producción de carne

A medida que la escala y las repercusiones del cambio climático se hacen cada vez más alarmantes, la carne se convierte en un objetivo popular para la acción. Sus defensores instan al público a comer menos carne para salvar el medio ambiente. Algunos activistas han pedido que se grave la carne para reducir su consumo.

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Uno de los principales argumentos es que la producción de carne genera más gases de efecto invernadero que todo el sector del transporte. Sin embargo, esta afirmación es manifiestamente errónea, como demostraré. Y su persistencia ha dado lugar a falsas suposiciones sobre la relación entre la carne y el cambio climático.

Mi investigación se centra en las formas en que la agricultura animal afecta a la calidad del aire y al cambio climático. En mi opinión, hay muchas razones para elegir la proteína animal u optar por una selección vegetariana. Sin embargo, renunciar a la carne y los productos cárnicos no es la panacea medioambiental que muchos nos quieren hacer creer. Y si se lleva al extremo, también podría tener consecuencias nutricionales perjudiciales.

Una buena parte de la mala fama de la carne se debe a la afirmación de que la ganadería es la mayor fuente de gases de efecto invernadero del mundo. Por ejemplo, un análisis publicado en 2009 por el Worldwatch Institute, con sede en Washington D.C., afirmaba que el 51% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero proceden de la cría y procesamiento del ganado.

Por qué comer carne no es malo para el medio ambiente

La mayoría de las emisiones de la ganadería proceden de la producción de piensos (58%) y se liberan durante los procesos digestivos de los animales (31%); los rumiantes como el ganado vacuno, ovino y caprino producen grandes cantidades de metano. La transformación y el transporte representan también una parte considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero (7%), al igual que el almacenamiento de estiércol (4%). Alrededor del 87% de las emisiones de metano y óxido nitroso de la ganadería son atribuibles a la cría de ganado vacuno, debido al gran número de animales.

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Estas cifras se refieren al conjunto de la ganadería, lo que significa que también abarcan ámbitos como la producción de leche, queso, gelatina y lana. Un gran porcentaje de las emisiones de metano, por ejemplo, está vinculado a las vacas lecheras.

Examinar las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a la ganadería no nos dice todo sobre el impacto del consumo de carne en el clima. Por eso, comparar las emisiones de gases de efecto invernadero de los alimentos de origen vegetal y animal es más esclarecedor. Un estudio de 2021 publicado en Nature Food hizo precisamente esto.

Por qué la carne es mala para el medio ambiente

El impacto medioambiental de la producción de carne varía debido a la gran variedad de prácticas agrícolas empleadas en todo el mundo. Se ha comprobado que todas las prácticas agrícolas tienen diversos efectos sobre el medio ambiente. Algunos de los efectos medioambientales que se han asociado a la producción de carne son la contaminación, las emisiones de gases de efecto invernadero por el uso de combustibles fósiles, el metano animal, los residuos de efluentes y el consumo de agua y tierra. La carne se obtiene mediante diversos métodos, como la agricultura ecológica, la cría en libertad, la ganadería intensiva, la agricultura de subsistencia, la caza y la pesca.

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La carne se considera uno de los principales factores que contribuyen a la actual crisis de pérdida de biodiversidad[2][3][4][5][6] El informe de evaluación de la IPBES de 2019 concluyó que la agricultura industrial y la sobrepesca son los principales motores de la extinción, y que las industrias cárnica y láctea tienen un impacto sustancial[7][8]. [7][8] El informe de 2006 La larga sombra del ganado, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), afirma que “el sector ganadero es un importante factor de estrés para muchos ecosistemas y para el planeta en su conjunto. A escala mundial, es una de las mayores fuentes de gases de efecto invernadero (GEI) y uno de los principales factores causantes de la pérdida de biodiversidad, y en los países desarrollados y emergentes es quizá la principal fuente de contaminación del agua”[9].

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